jueves, 21 de agosto de 2008

...bañada en sangre se que me ire...

La soledad inescrupulosa no deja de babear frente a mi
y la alegría, en su lecho de muerte, no se quiere dejar opacar.
Ante la desdicha del trastornado final, la misma muerte se abriga
con un suculento disfraz de sonrisas.
Tal es el desconsuelo, que acaba por despojarse de su disfraz...
Con sus últimas fuerzas, esboza una tenue sonrisa
pero las lágrimas no tardan en aflorar.

Nuestra alegría perdió la batalla y fué letal
ahora el comienzo reaparece ante un tortuoso final
ya nada queda por alegrar...

1 comentario:

Maximo Valencia dijo...

Hola!

Buen texto, saludos y ahi nos leemos!